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Los magos tenemos tres normas básicas, que ya fueron formuladas por Jean-Nicolás Ponsin en su libro «La nueva magia desvelada» publicado en Francia en 1853

Las normas básicas son:

  • 1.- Nunca expliques los trucos.
  • 2.- Nunca repitas los juegos en la misma sesión.
  • 2 (bis).- Trata de que el final del juego sea una sorpresa. No avances lo que va a ocurrir.
  • 3.- Ensaya los juegos y asegúrate de que los dominas antes de presentarlos al público.

In extensis:

1.- Nunca expliques los trucos

La magia es el arte del misterio. Precisamente el no saber la solución al enigma es lo que le da fuerza y valor. Y es lo que diferencia a la magia de otras disciplinas (o aficiones) artísticas: el misterio. Es patrimonio en exclusiva del arte de la magia. Sin misterio no hay magia y si conocen porque te descubren o por que les dices el truco, con ello terminarás su ilusión y la magia.

Por otro lado, y desde tu propio punto de vista, no debes explicar los trucos porque, si lo haces, toda tu ilusión, empeño y esfuerzo será en vano. Pensarán: ¡pues vaya tontería! No se detendrán ni siquiera un segundo a pensar en el ingenio del inventor, tu habilidad psicológica o físca, y en como el mago se aprovecha de los fallos del cerebro humano para conseguir una ilusión que parece magia de verdad. Para conseguir volar en pedazos lo que nos diferencia de los otros seres vivos. La razón. El espectador se queda atónito, sin que la razón pueda ayudarle… y aunque sabe que todo tiene truco, no le queda más remedio que concluir ¡es magia!

 

2.- Nunca repitas los juegos en la misma sesión.

Los magos siempre tratamos de evitar que la magia parezca un puzzle que debe ser resuelto. Esto sólo conduce a frustración. O bien por parte del espectador, cuando el mago le ilusiona, o bien por parte del mago si el espectador le pilla.

El objetivo del mago es que el espectador se divierta viendo el juego y el mago –tú– haciéndolo. Es en cierta medida, como el que cuenta un cuento o un chiste o hace una obra de teatro: quiere divertir. Quermos que se lo pasen bien suspendiendo su incredulidad y mixtificando su razón. Y, sobre todo, que lo pasemos bien ellos y nosotros mientras hacemos el juego.

Pues bien, cuando repites un juego, si has conseguido ilusionar (observa que, adrede, evito usar la palabra engañar), en tu primera presentación al espectador; esta segunda vez aguzará sus sentidos y tratará de pillarte por todos los medios. En la mayor parte de los casos, no podrá evitar intentar descubrir la razón del misterio que ha dejado a su razón completamente inerme.

Pero es más, ahora el espectador tiene ventaja sobre ti, sabe lo que va a ocurrir, conoce el efecto y, por tanto, le costará mucho menos descubrir la causa. Esto te pone, automáticamente en inferioridad de condiciones.

Por eso, como corolario a esta primera tendríamos una regla dos (bis).

 

2-bis: Deja que que el final del juego sea una sorpresa. No avances lo que va a ocurrir.

Si lo haces, tal y como comenté anteriormente, te pones automáticamente en inferioridad de condiciones. Y es absurdo tomar ese camino. Eso sí, para esta norma hay excepciones.

Pero cuando seas un mago avezado, podrás saber qué juegos y en qué momento podrás saltarte esta norma. De momento, al empezar, cúmplela a rajatabla, créeme, y esto te facilitará la ejecución con éxito del juego. 

 

3.- Ensaya los juegos y asegúrate de que los dominas antes de presentarlos al público.

Aunque es la más obvia de las normas, es también, la que más descuidan los magos principiantes. Quieren ir corriendo a probar el juego. Y no se dan cuenta que, para probar el juego, primero tienen que saber hacerlo.

No puedes andar pensando en la mecánica del juego, mientras lo haces. Tienes que concentrarte en lo que llamamos la «presentación».
Como mínimo, asegurate de ser capaz de realizar el juego para ti solito, tres veces seguidas, antes de intentar realizarlo en público.