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armando-y-conejoArmando de Miguel se crea en el año 1959 y es la prueba viviente de que la extendida creencia de que una mujer no puede quedar embarazada durante la lactancia, es una leyenda urbana.

No se conocen los detalles de su creación, pero parece ser que nací bien y creo que me desempeñé razonablemente bien en mi primer examen en la vida: el test de Apgar.

Pasé toda mi infancia permanentemente aburrido hasta que, de repente, un día cayó en mis manos un libro de magia.

En realidad, cayeron dos: uno de ilusionismo (o magia blanca) y otro de magia negra. El libro de ilusionismo me fascinó y aunque era un libro que desvelaba los trucos y no enseñaba a hacerlos, quedé pasmado ante tal derroche de ingenio humano. Desde entonces, la magia ha sido una constante permanente en mi vida.

El otro libro, el de magia negra, tras echarle un vistazo y lanzar dos conjuros o tres –que no funcionaron– pasó a ocupar un lugar muy importante en mi habitación. Sirvió para equilibrar mi mesilla, cuya pata cojeaba desde algún tiempo atrás.

Soy mago profesional desde 1980 y, además, soy socio fundador de la tienda MagiaMadrid. En estos últimos años me dedico principalmente a dar clases de magia y a cuidar de Julieta, mi hija de 10 años. Aunque hay discrepancias, eso sí,  al respecto de quién cuida a quién.

Llevo escribiendo acerca del arte de la magia desde 1985, en diferentes publicaciones. Mi especialidad son los guiones de magia.

Es por eso que estoy especialmente orgulloso de mi último libro: «El discurso con método. Construcción de guiones creativos para magos», publicado en 2012.

Tengo otros intereses en la vida además de la magia y, por supuesto, ideas y opiniones sobre casi todo –como buen españolito– y también, como tal, tengo unas cuantas ideas sobre como arreglar el mundo.

La humanidad, por otro lado, tiene la inmensa suerte de que es extremadamente improbable que las pueda poner en práctica algún día.

Con todo este bagaje personal… espero interesarte y divertirte si, de vez en cuando, te das una vueltecita por aquí.

¡Salud, compañero!